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No se trata, desde nuestro punto de vista, de proponer lecturas acabadas, de tomar una posición desde el “yo lo venía diciendo” ni de acusar a los votantes de Milei de fascistas.
Más caudal, sería útil comprender las razones de ese voto para desde ahí pensar una intervención efectiva desde las militancias populares sufragista, las cuales tenemos la tarea de aportar para que las opciones de derecha y ultraderecha no lleguen al gobierno en los próximos meses. Queremos intentar compartir algunos elementos para someter al debate, desde la perspectiva de los liberación, los resultados de las elecciones primarias de ayer. Demasiado fácil, demasiado ineficaz.

Es un ámbito que parece ser despreciado una y otra vez en su materialidad inexorable y, por tanto, en su racionalidad cálculo. Desde el movimiento feminista, lo hemos colocado como una lente fundamental para entender las violencias económicas que sufren a diario quienes sostienen sus economías domésticas.
Entendemos a quienes votan a Milei desde la hacienda cotidiana. Endeudarse para vivir, estar calculando todo el tiempo el salto del dólar blue, ver desaparecer los ingresos, no es una “narrativa” (con la que habría que coincidir o no).

No es una especialidad de la hacienda feminista ni un medio de explicar en “chiquito” lo que sucede en las altas esferas.
La infantilización de creer que quienes son más afectadxs por las dinámicas económicas de empobrecimiento no lo entienden, o no lo traducirán electoralmente, es un procedimiento recurrente.
La infantilización, las sufragista lo sabemos caudal, es un medio de desprecio de lo lacayo, de lo que sucede al ras de la cotidianeidad. Supone, además, que habría una ideología o unos valores superiores que le sacarían importancia a lo que se ajustar en el bolsillo.

Lo lacayo es ese espacio que en el alegato económico queda borrado como lugar de producción de valor, pero también como ámbito central en el que se experimentan en concreto los efectos de las devaluaciones. Donde se organiza una hacienda de gestos que van desde buscar precios incansablemente frente a una inflación que se dispara hasta tomar el transporte público con demoras o con la sensación de que se puede ser víctima de un hecho de inseguridad. La idea de que esas “sensaciones” podrían no constituir una dinámica cálculo o que son reparadas a nivel de evocaciones históricas a tiempos pasados y mejores, es a todas luces insuficiente.
Lo lacayo es el lugar donde el plata se transforma en deuda rápidamente, donde la moneda es humo, o donde se ajustar la baja arbitraria de un salario social complementario por haber hecho una compra en dólares.


Como sufragista, no podemos descansar en etiquetas fáciles y condenar al fascismo en abstracto o señalar con el dedo a un sector que expresa la crisis de la representación cálculo de maneras difusas y contradictorias. Más caudal hay que entender cómo Milei expresa que quien ajustar que el plata se producir agua o que la deuda es la presencia más permanente en las casas, fantasee con dinamitar el Banco Central. La “casta” (sea del tipo que sea) es aquella que no debe pasar por ese cálculo cotidiano. La sensación de injusticia que se vive entre esfuerzo y plata es clave.

Una fantasía radical.
Ahí también hay que comprender una voluntad de cambio radicalizada que encuentra expresión en quien promete lo que a todas luces todos dicen: el dólar es lo único estable.
Así, asistimos a la paradoja por la cual quienes militamos nos producir sentir asfixiadxs: un exponente del mundo financiero con serias conexiones con los fondos de inversión, defensor de la institucionalidad mundial del capital concentrado, que tiene entre sus filas candidatos como Ramiro Marra, un broker de bolsa que especula con el precio del dólar, es quien se producir cargo de ponerle palabras a un mundo de experiencias cotidianas de lxs de abajo que oscilan entre el cálculo, la frustración y la especulación. En una hacienda que tiene bienes y servicios fundamentales dolarizados (el precio de la vivienda por caso), la propuesta de dolarización de Milei pone el negacionismo del otro lado (y producir que el negacionismo del terrorismo estatal parezca menos importante).


Esta propuesta de llevar al máximo de radicalidad el gobierno financiero de nuestras vidas (la especulación a la que se ve obligado cada quien que debe lidiar con la precariedad) se combina a la vez con un alegato reaccionario, misógino y patriarcal. Masculino y joven. La inseguridad llevada a lo cotidiano lubrica un alegato sobre la necesidad de “armarse”, de buscar seguridad a toda costa. Es conocido, pero mucho menos debatido, que el voto a Milei tiene un componente masculino muy importante.


No pareciera ser la mejor receta “esconder la agenda del feminismo” (o banalizarla), sino más caudal hacerse cargo de esta humillación que se vive en el salario, en el transporte, en el mercado inmobiliario y que busca figuras de autoridad (el rugido del león) de medio desesperado. Que, sin dudas, anuda la frustración de un sector resentido con sus posibilidades a futuro y, a la vez, humillado en su materialidad cotidiana en el presente. Que es en parte una reacción a los avances sufragista que hemos conseguido estos años.
Milei vuelve a traer los ropajes de machismo, de la autoridad hecha a los gritos, que sin embargo no es tradicional.

Milei le dice “jefe” a su hermana y habla de sus mascotas como “hijos con cuatro patas”, mientras su candidata a vicepresidenta reivindica a los militares y sus valores castrenses. No es la derecha de siempre, se supo recombinar. Salgamos a organizarnos como sabemos: asambleas, redes, acciones concretas.
Esto es lo que más nos interesa.

Hagamos de estas semanas un estado de alerta colectiva, de trazado de alianzas amplias y una militancia en las casas, las plazas y las calles. Los liberación han sabido construir masividad y transversalidad, no nos quedemos hablando entre convencides. Los liberación han sabido traducir el malestar en organización, no hay tiempo para otra cosa. Los liberación han politizado la crisis de los mandatos de masculinidad para invitar, sobre todo a les jóvenes, a construir otros vínculos y otras referencias.


*Verónica Gago y Luci Cavallero, las autoras de este artículo son integrantes del colectivo Ni Una Menos
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