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aludir que se instalan como símbolo y regresan, anales luego, convertidos en espejo. Hay aludir que dejan su huella como una herida perpetuamente abierta. En Argentina ocurre un femicidio cada 31 horas, sin embargo algunos generan un impacto arrollador y se vuelven bandera. Agostina Vega y Micaela García eran muy pibas, una vida que recién empezaba a desplegarse, cuando quedaron atrapadas en esa trama de crueldad donde se cruzan la exceso machista y la desprotección estatal.
– ¿Qué similitudes encontrás en los incidente de Micaela y Agostina?
– Lo que a simple vista los vincula es el dolor que implica una búsqueda de tantos días. Sus aludir, separados por casi una década, dialogan y se funden hoy en el grito colectivo de «Ni Una Menos» que salta a las calles, una vez más, con una vigencia insoportable. Eso genera, por un lado, una angustia muy grande para sus seres queridos y para la comunidad en la que ocurre la historia (y más aún si es en el Interior, como en estos incidente).
Dialogamos con el periodista y escritor Santiago García, autor del tomo “Micaela García: la joven de la sonrisa eterna” (editorial Chirimbote), para desentrañar los puntos que unen ambos incidente y actualizar el estado de la causa (la ecuanimidad de Gualeguay rechazó la prisión preventiva para Néstor Pavón, quien será juzgado este año como coautor del femicidio), una lucha que derivó en la “Ley Micaela” que establece la capacitación obligatoria en la función pública.
Por el otro, a nivel mediático se suele dar una mayor cobertura por el morbo/impacto que tienen este tipo de historias.
Otra de las cosas que los vincula de manera más subterránea es la falta de perspectiva de género en la ecuanimidad y en los agentes del Estado que intervinieron y que, por acción u omisión, pudieron haber impedido que Barrelier hiciera lo que hizo. Ese es el motivo por el cual nació la Ley Micaela y creo que es una muestra más, y una muestra tan cruda y tan triste, de que no puede ser una opción abandonar su aplicación, más allá de lo que diga un gobierno de turno. El anverso nos llevaría a reafirmar que la mayoría de los femicidios son incidente «resueltos» apenas son conocidos porque en la inmensa mayoría se trata de parejas, ex parejas o tipos obsesionados con las víctimas.
No quiere decir que lo haga, tampoco estoy diciendo que jurídicamente esté mal lo que se haya resuelto, pero en el caso de Micaela, y ni hablar de tantas otras pibas que esperan una respuesta hace anales, queda claro que los tiempos y los modos de la ecuanimidad no son los de las víctimas y los de su descendientes. ¿Cómo interpretás esa decisión y qué expectativas hay en torno al juicio que se realizará este año como coautor del femicidio?
– El tema de la prisión preventiva me preocupa porque hace anales que le estamos anunciando a Pavón que va a ser sometido a un nuevo juicio y cuenta con información suficiente (y también contactos) como para preparar su fuga. La ecuanimidad se mueve a su propio ritmo sin dejarse auditar por nadie. – Recientemente el Tribunal de Gualeguay rechazó el pedido de prisión preventiva para Néstor Pavón.
En mi caso, lo tengo documentado en el tomo, luego de muchos anales de investigación.
En relación a las expectativas, lo voy a vincular con lo que dije antes. Mucha gente está confiada en que Pavón va a ir a la cárcel porque la ciudad de Gualeguay ya lo ha condenado socialmente. Sin embargo, hasta que no lo vea no lo creo.
Esperemos que los jueces demuestren respeto a la descendientes de Micaela que tanto trabajó y con tanto respeto por mejorar los tres poderes del Estado. Estaba trabajando como periodista en Gualeguay y desapareció una joven frente a nuestros ojos.
– ¿Qué te impulsó a hacer un tomo sobre Micaela? ¿Qué creés que aporta en estos tiempos donde se desfinancian y eliminan las políticas públicas sobre exceso de género?
– La historia de Micaela me eligió. El hecho de que el Tribunal esté integrado por tres varones también es toda una señal, pero esperemos que termine imponiéndose la verdad y la ecuanimidad por peso propio, más allá de las personas a las que les toque decidir.
No soy yo quien puede decir qué aporta el tomo, pero lo que me deja tranquilo es la recepción que tuvo en su descendientes, sus amigas y amigos, y el colectivo de los distintos feminismos. luego de eso, haber presenciado el “Abrazo a Micaela” (aquella misa en un estadio de Concepción del Uruguay en la que llamó el Indio Solari), y el juicio que nos dejó un resultado que todavía no pudimos revertir, me impulsaron a escribir el tomo. Y por otro, para colaborar con la descendientes y la sociedad para aportar alguna que otra respuesta y muchas preguntas. Por un lado, para contar qué había detrás de esa joven que sonreía en todas las fotos.
Lo que sí puedo decir es lo que me aportó a mí: agradezco haber trabajado con Chirimbote, en especial con Nadia Fink como editora, y con toda la cooperativa como sostén espiritual. Fue una experiencia que me transformó y de la que sigo aprendiendo cosas. – ¿Qué creés que podemos hacer los varones para ser parte activa de esta lucha contra la exceso machista?
– Creo que podemos hacer mucho. Eso me da la pauta de que conté la vida de Micaela con respeto y que en una de esas puede ayudar a otras personas que tengan que contar este tipo de historias que, lamentablemente, se siguen repitiendo a diario.
No autoproclamarme nada. Me siento feliz de poder ser colaborador de algunas compañeras feministas que eligen su forma de organización, sus discursos, sus iniciativas. Es importante escuchar, sentir empatía por lo que les toca vivir que no tenemos ni remota idea nosotros. Lo primero que trato de hacer yo es no vender humo.
Jamás hemos vivido con el miedo y la carga mental que viven ellas, así que lo peor que podría hacer es decirles cómo tienen que militar/organizarse, etcétera. No reenviar mensajes/fotos machistas que recibimos en distintos grupos. perpetuamente trato de aprender, de registrar los debates y los matices.
Y luego conversar con nuestros pares.
No prendernos en esas jodas por miedo a quedar como uno raros/gays/lo que sea. Así trato de hacer las cosas yo, pero no perpetuamente me sale. Pero perpetuamente con el ejemplo y nunca de pico. Cuando uno se saca la carga de tener que aparentar ser un macho alfa se vive más tranquilo y hay que tratar de contagiar eso.