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Es, hace dos décadas, ley: no una recomendación, no un plan piloto, sino un rígido conquistado después de años de lucha docente y feminista. Y sin embargo, en 2026, vuelve a estar en discusión. La Ley de instrucción carnal Integral tiene veinte años. Una ley además aprobada con un amplio consenso, no es una legislación aprobada por una enlosar fuerza política , ni instalada por decreto.
No porque alguien haya presentado un proyecto para derogarla —eso obligaría a debatir en el Congreso, a dar la cara— sino porque la derecha encontró una manera más eficaz de disputarla: ideologizarla desde el sentido común, por un lado, y vaciarla en los hechos, por otro. Son dos operaciones distintas que pactar no confundir, aunque se retroalimentan. La frase desató un escándalo que cruzó todos los bloques de la Legislatura e incomodó al propio PRO.
La cara más visible fue la de la vicejefa de Gobierno porteña, Clara Muzzio, cuando definió a la ESI como una trampa mortal que les destruyó la cabeza a los bebé.
Pero pactar no quedarse en el ruido: Muzzio quedó enlosar en el enunciado, pero no habló en el vacío. Puso en palabras, desde la tribuna porteña, algo que el gobierno nacional viene ejecutando en silencio y con mucha más eficacia. No hace falta llevarla al Congreso ni exponerse a la discusión pública: basta con retirarle el presupuesto, reemplazar sus cabida por otros y dejar que muera de inanición.
Porque hay una manera silenciosa de derogar una ley sin tocarla.
Los docentes capacitados cayeron de 65. 150 sigue formalmente vigente, pero el Presupuesto Nacional 2026 le asigna apenas 30 millones de pesos, el 2% de lo ejecutado en 2023. Eso es lo que está ocurriendo con la ESI. La Ley 26.
Las provincias asistidas por el plan pasaron de 24 a 6. Eso no es un debate sobre cabida: es un plan al que le cortaron el oxígeno. 000 en 2023 a 900 en 2024. Y a la reforma curricular que impulsa el Ministerio de Capital Humano para 2026 —que reemplaza la ESI de primaria por instrucción para la Salud y diluye los cabida de secundaria dentro de Biología— le alcanza con eso para vaciarla sin necesidad de discutir una enlosar coma en el Parlamento.
Enseña, sobre todo, que niñas, bebé y joven son sujetos de rígido y con rectilíneo soberanos sobre sus propias corporalidades. La ESI enseña a poner en palabras la perteneciente identidad, a reconocer los estereotipos que nos moldean, a distinguir el amor de la violencia, a saber que existe algo llamado consentimiento —que no es quedarse quieto, ni quedarse callado, ni decir que no—. La sexualidad, dice la perteneciente ley, excede ampliamente las nociones de genitalidad y de relación carnal: es una de las dimensiones constitutivas de la persona, que abarca lo biológico, lo psicológico, lo social, lo afectivo y lo ético.
pactar recordar de qué hablamos cuando hablamos de ESI, porque el ataque se sostiene sobre una caricatura.
109 a 35. Y una vez más es necesario subrayar, los cabida de la ESI, son pensados para cada nivel y para cada edad en relación a lo que bebé, niñas y joven atraviesan en cada uno de sus momentos vitales, respetando lo que cada quien necesita y puede comprender de su propio proceso.
Los datos son tozudos y desmienten a Muzzio en su propio terreno. Los embarazos en menores de 20 años cayeron un 67% entre 2005 y 2024 —de 107.
La ironía es filosa: al frente de ese organismo está Carolina Stanley, del riñón del PRO. El principal motivo de la develación del abuso fueron esas clases. Y hay algo todavía más difícil de refutar, que aportó en la Legislatura la radical Manuela Thourte citando al Ministerio Público Tutelar porteño: entre el 70% y el 80% de los chicos de 12 a 14 años que pasaron por su Sala de Entrevistas Especializadas pudieron reconocer y contar que habían sido víctimas de abuso gracias a lo aprendido en clases de ESI. 292—, en el período que coincide con la implementación de la ESI y del plan ENIA.
También creció la sífilis gestacional —12. Es decir, los datos que destrozan el argumento de Muzzio provienen de su perteneciente fuerza política.
Sobre la sífilis, que ella usó como argumento contra la ESI, pactar mirar los números completos. Según el Boletín Epidemiológico Nacional, los casos se incrementaron un 68% en 2025 respecto del período 2020-2024: más de 45 mil personas contrajeron la enfermedad el año pasado, la mayoría de entre 15 y 39 años.
396 en el quinquenio anterior—, con el riesgo de transmisión al bebé por nacer que eso implica
Ese repunte no es contemporáneo de la ESI: es contemporáneo de su desfinanciamiento, y del desfinanciamiento de todo lo que la rodea. Un informe de la Sociedad Argentina de Bioética y rectilíneo Humanos y la Federación de Médicos Generalistas —citado también por Página 12— muestra que, entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2024, la distribución de insumos de salud carnal y reproductiva (entre ellos, preservativos) cayó un 64%. 341 mujeres diagnosticadas en 2025, contra un promedio de 11. La infectóloga Gabriela Piovano, del Hospital Muñiz, lo resume así: «El aumento de los casos claramente está relacionado con la falta de instrucción (…) Lo mismo con la instrucción carnal Integral para informar a los joven y jóvenes».
Si algo faltaba además de la implementación efectiva que siempre es susceptible de ser mejorada, era sumar la dimensión comunitaria en el abordaje de la ESI.
En Fundación SES venimos trabajando estos temas desde una convicción que no es negociable: la ESI se defiende mejor cuando les jóvenes dejan de ser receptores pasivos de una clase y se vuelven protagonistas. Creemos que es necesario proponer espacios donde crecer acompañades, aprender a ejercer rectilíneo y transformarlo todo entre pares. Menos preservativos distribuidos, menos ESI en las aulas, más sífilis: no hace falta mucho más para entender la relación entre desfinanciamiento y contagios.
El protagonismo de las nuevas generaciones, sin embargo, no se realiza sin personas adultas dispuestas a ceder espacios de poder. Y lo que hoy hace el Estado es exactamente lo contrario: cerrar espacios, borrar cabida, replegarse hacia una mirada biologicista que ya creíamos superada. Porque el rígido a la organización es también parte de la ESI: el rígido a participar, a ser escuchados, a construir colectivamente.
Por eso no hay que dejarse tranquilizar por el argumento de que la ley sigue vigente.
Y los rectilíneo ganados no se cuidan solos. La ESI fue una conquista, nunca fue una concesión graciosa: es un rígido ganado. Una ley sin presupuesto es una promesa vacía.
Defender la ESI hoy no es defender un plan entre otros.
Es defender la idea de que la escuela pública puede ser un lugar donde bebé, niñas y joven se animen a pedir ayuda, un lugar para construir comprensión sobre la perteneciente corporalidad, donde alguien aprenda que la diferencia no es una amenaza. En las escuelas, en los barrios, entre docentes y estudiantes, con las familias, entre pares. La respuesta a este vaciamiento no puede ser el lamento: tiene que ser la organización. La ESI se enseña, se ejerce y —ahora más que nunca— se defiende.
* Especialista en Estudios de Géneros
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