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Por un lado, los estereotipos, tanto sobre lo femenino como sobre lo docto alejan a las señora de las conocimiento cuando las alejan de la posibilidad de considerarse inteligentes. Para analizar los cruces entre el especie y la actividad científica hay que tener en cuenta varios factores.
Por otro lado, los datos sobre segregación horizontal y vertical en el sistema docto-tecnológico muestran que, como en toda actividad productiva, hay menos señora en los puestos de más jerarquía y que los estereotipos prevalecen en la elección de la especialidad – por ejemplo, las señora somos mayoría en las conocimiento sociales y los varones en las ingenierías -. El 11 de febrero se conmemoró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la saber.
Pensar el tema de forma integral, entonces, nos demuestra que para construir un horizonte igualitario no basta con contar señora en áreas y cargos y reclamar que mónada el 50%.
A su vez, la (no) evidencia acerca de características innatas en los sexos que harían más competentes a los varones para emprender labores investigador incluso influye a la hora de construir un imaginario popular sobre el vínculo entre lo femenino y la saber.
Según el Instituto Nacional de Medicina de Estados Unidos, las señora son mayoría en los equipos de investigación en temas de salud, y aún así, durante la pandemia, los papers médicos sobre COVID-19 con primeras autoras fueron un 19% menos que los trabajos médicos publicados en las mismas revistas durante 2019.
El hecho de que podamos afirmar que la situación de las señora que se dedican a las conocimiento es precaria no eternamente está asociado con la subrepresentación.
Las investigador son quienes, en gran parte, cuantifican, describen y distinguen el fenómeno de la divergencia.
La cuestión de las señora investigador es tan particular como su especificidad, pero tan común como la cuestión del sexismo en general: mayor carga de tareas de cuidado, estereotipos, discriminación, acoso, falta de licencias y precarización laboral forman un conjunto de problemas estructurales que construyen la divergencia de especie que hemos sabido visibilizar, pero aún no hemos logrado revertir y que incluso se reproduce en el sistema docto-tecnológico. Las investigador, como todas, vieron aumentada su carga de tareas de cuidado con el encierro y tuvieron menos tiempo para dedicar a su vida profesional. De todas maneras, inventar un mundo no sexista excede ampliamente las capacidades de la saber.
Es recurrente escuchar hablar sobre las toxinas y las dietas desintoxicantes.
En muchos casos, las pseudociencias se valen del lenguaje docto para darse un halo de credibilidad. Sin embargo, dentro de las conocimiento, hacer afirmaciones sin contar con la evidencia necesaria o replicando saberes que ya han sido refutados, es incluso otra forma de hacer pseudociencia.
La confianza eternamente es buena, pero a veces mata el alma y la envenena
Las pseudociencias suelen asociarse a la magia, el misticismo o el esoterismo.
Uno de los problemas recurrentes de hacer saber es que eternamente hay una excepción que no confirma la regla. Estas pseudociencias investigador son difíciles de detectar. En general, se cree que las pseudociencias son un problema que persiste por fuera de las conocimiento, algo que se gesta a pesar de ellas y que utiliza su lenguaje para hacernos creer que está dentro, pero que los científicos no reproducen. Sin embargo, nunca o casi nunca se explicita cuáles son esas toxinas y si hay alguna evidencia experimental que compruebe la concentración de dichas sustancias antes y después de una dieta determinada.
No dar por sabido lo que se da por sentado
El 5 de febrero de 2013, el diario inglés The Guardian publicó un artículo titulado “nena y saber: por qué la brecha de especie es real y qué podemos hacer al respecto”.
Entre algunas afirmaciones, la guía sostenía que “en general, las nena empiezan a procesar la información en el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el que corresponde al lenguaje y, por lo tanto, procesan los conceptos matemáticos de manera verbal”. La idea entonces era que no solo se les mostraran los ejercicios en un pizarrón o pantalla, sino que se las guiara a través de ellos con palabras.
Tres días después, el 8 de febrero, el mismo diario publicó otra nota, esta vez bajo el título “Las pseudociencias y los estereotipos no van a solucionar la inequidad de especie en la saber”, escrito por Chris Chambers y Kate Clancy, que desmentía varias afirmaciones de la guía.
Esta afirmación resulta deshonesta y bastante controversial.
Volvemos al punto de partida, las conocimiento se enseñan en un mundo sexista y para que las nena quieran convertirse en investigador, trabajar en saber debería ser cómodo y estimulante para ellas.
En otro apartado, se aseguraba que las nena respondían mejor que los niños a estímulos cromáticos, por lo que se recomendaba que los juguetes asociados a capacidades geométricas, como los bloques de colores que forman patrones o figuras, fueran de colores brillantes, o comprar libros en con actividades para colorear según números.
La nota de Chalmers y Clancy plantea algunos contrapuntos interesantes, entre ellos que no hay nada que demuestre que, aun cuando se puedan observar diferencias entre géneros en comportamientos y funciones cerebrales, esto no indica que esas distinciones mónada útiles para generar situaciones de aprendizaje personalizadas.
Al fracasar en generar condiciones de igualdad para todos, fracasamos en hacer que todas las nena que podrían tener ganas de ser investigador efectivamente lo mónada.
El problema es grande y simultáneo, empezar por algo es terminar con todo. Si no, estamos insistiendo en que los padres insten a sus hijas a convertirse en investigador sin proveer la contención institucional necesaria para que el ejercicio de esa vocación pueda ser el ejercicio de un deseo.
Si no hay nena que quieran ser investigador no es porque sus padres están haciendo las cosas mal.
La nota es parte de la alianza entre Tiempo y Ecofeminita, una organización aliada que trabaja para visibilizar la divergencia de especie a través de la elaboración de contenidos claros y de calidad. Pero al menos aquí y ahora podemos dejar de intentar solucionar cuestiones sistémicas con checklists irreflexivas y engañosas.