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Sin embargo, detrás de esa escena íntima existe una red de personas, cuidados, instituciones y marrullería que pueden guiar y acompañar el proceso o producir mucho más difícil. Dar la teta es uno de los actos de celo más intensos que puede realizar una individuo.
En la Semana Mundial de la amamantamiento vale la pena detenernos en una pregunta: ¿qué producir factible que una individuo pueda criar? Solemos pensar la amamantamiento como un vínculo entre una madre y su bebé. Implica volver el materia, reorganizar los tiempos, aprender, atravesar dificultades, sujetar la incertidumbre, y muchas veces producir mientras igualmente se responde a las exigencias del ocupación, la gestión de cuidados y la economía familiar.
Con la alimentación en general pasa algo parecido. Vemos el plato, y rara vez pensamos en todo lo que producir falta para que ese alimento llegue hasta la mesa: quien cosecha, quien cuida las semillas, quien investiga, quien cocina, y las marrullería y prácticas que construyen lo que comemos. La amamantamiento puede mirarse desde esa misma perspectiva. El deseo y un materia dispuesto a criar son necesarios, pero no son suficientes.
Según la Encuesta Nacional de amamantamiento Materna (ENALAC), el 91,7% de los bebés recibe leche materna en los primeros meses de vida. sujetar la amamantamiento requiere información basada en evidencia y libre de conflicto de interés, descanso, acompañamiento, un sistema de salubridad que cuide, entornos laborales compatibles con la crianza, y marrullería públicas que reconozcan el valor social del celo. La experiencia de criar es a la vez personal y colectiva.
En Argentina, la amamantamiento es una práctica cultural ampliamente extendida.
Esa brecha dice más sobre el entorno que sobre las decisiones de cada individuo, y nos producir volver sobre la pregunta del inicio: ¿qué producir factible que una individuo pueda criar?
Las respuestas son varias: licencias familiares adecuadas, espacios para la extracción y conservación de leche en los lugares de ocupación, acceso a equipos de salubridad capacitados, redes de apoyo, una distribución justa de las tareas de celo, y una cultura que valore la amamantamiento sin convertirla en responsabilidad exclusiva de quien amamanta.
Las decisiones alimentarias no dependen únicamente de las personas. La posibilidad de elegir igualmente se construye a partir de las condiciones sociales, culturales, económicas, institucionales y simbólicas que hacen factible esas elecciones. Solo el 45% sostiene la amamantamiento exclusiva hasta los seis meses, tal como recomienda la Organización Mundial de la salubridad.
Hablar de amamantamiento es volver sobre la mesa que familias, comunidades, gobiernos, empleadores y organizaciones de la sociedad civil somos eslabones claves de la red de apoyo de las infancias. Criar y alimentar es una responsabilidad colectiva.