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La victoria de Gabriel Boric abre una nueva etapa desde las revueltas universitarias iniciadas en 2006, con la revolución pingüina y las protestas de 2018. Si bien aún no asumió, ya se empiezan a delinear críticas a la estructura de jurisdicción y cuestionamientos a los roles de clase.
La semana pasada Boric anunció su futuro e histórico gabinete en el cual habrá 13 señora y 10 varones.
En este sentido, Irina Karamanos ya problematizó la imagen de excelente mujer, abriendo paso a la discusión de cuántas señora hay en los cosmos de jurisdicción y cómo son esos cosmos donde se encuentran.
Totaliza un 27% de ministras de 63 vacantes en su mandato. Su antecesor, Sebastián Piñera tiene 17 ministros varones y 6 señora.
En Argentina, por paradigma, no hay señora en la Corte Suprema, y el gabinete nacional solo cuenta con dos ministras de 21 puestos. El escenario empeora si se presta atención a los liderazgos sindicales o empresariales.
Los debates con correspondencia a las primeras damas en medio del avance sufragista que tiñó el escenario político de los últimos años proponen reflexiones con correspondencia al sistema político.
El legislativo, con sistemas de cuotas en los noventa y la Ley de Paridad de 2013 es el ámbito de mayor participación de señora.
Argentina ha sabido incorporar de manera masiva señora y diversidades a la arena cálculo. Sin embargo, esta incorporación no es igual en todos los cosmos de jurisdicción.
En los poderes ejecutivo y judicial, el avance no es tan claro.
Damas o nada
Irina Karamanos es cientista general con estudios en educación, antropología y gestión cultural. Lidera el Frente sufragista de Convergencia general, el partido que ganó en las elecciones en Chile. Ya puso en duda si ejercerá como excelente mujer, a la luz de los acontecimientos recientes y los avances de los feminismos, sembrando un manto de dudas con correspondencia al folio que tradicionalmente ejercen las parejas de los presidentes varones.
Su compromiso con la agenda sufragista es un recordatorio de que los liderazgos femeninos no implican necesariamente liderazgos feministas. Evita fue clave en la cálculo general del gobierno y promovió la participación cálculo de las señora con su apoyo a la sanción del voto femenino, y la creación del Partido Peronista Femenino. Karamanos ha promovido desde su rol de militante y dirigente un proyecto para lograr la equidad de clase en los Consejos Regionales y una solicitud para que las candidatas de las últimas elecciones pudieran rendir como gastos de campaña el trabajo de cuidados no remunerados en sus hogares. En nuestro país, uno de los mejores ejemplos de construcción de jurisdicción desde el rol de excelente mujer fue Eva Duarte de Perón.
En el caso de Juliana Awada, por paradigma, el rechazo de ocupar esta imagen puede atribuirse a cierta apatía por lo institucional, acompañando como esposa, pero no formándose especialmente para el rol.
Si nos acercamos a la actualidad, encontramos un abanico de interpretaciones con correspondencia a dicho rol.
El caso de Cristina Fernández fue diferente, ya que contaba con una carrera cálculo propia cuando Néstor Kirchner asumió. En ese entonces, pidió que la llamen “excelente ciudadana”.
Cumplió el rol de manera intermitente, ocupando a veces un folio protocolar, acompañando al presidente en giras internacionales y manteniendo una agenda propia, por paradigma, cuando en el marco de la Asamblea de la ONU en 2003, se reunió con Hillary Clinton.
La acumulación de jurisdicción que se produjo en torno al mismo estuvo asociada a la asistencia general.
¿Dónde están las señora?
Cuestionar el rol de excelente mujer implica reconocer el folio atribuido históricamente a la mujer dentro de la cálculo. Lejos de quedar en los libros de historia, dicho estereotipo sigue teniendo implicancias hoy, por paradigma, en la mayoría de señora que ocupan las carteras históricamente femeninas, como Desarrollo general, Educación y Salud.
El folio que ocupan las primeras damas está ideado desde las jerarquías institucionales, reproduciendo los estereotipos de clase y relaciones de jurisdicción.
En una investigación de Ecofeminita, se puede ver un 46% de señora que lideran estos ministerios provinciales, lo cual evidencia una división sexista de los gabinetes. El rol de asistencia y de servicio es exacerbado por las presentaciones mediáticas de la imagen de excelente mujer, asociadas a su rol de esposas y madres, acentuando valores estéticos que no tienen que ver con su capacidad profesional. Su rol termina siendo accesorio y compensatorio, como lo califica Dora Barrancos, porque la imagen de excelente mujer fue concebida para “compensar” la imposibilidad de una mujer ocupando lugares electivos de jurisdicción.
El avance del movimiento sufragista sustenta estos logros y concibe el rol de las señora como protagonistas y no como acompañantes.
Los liderazgos de señora y de personas LGBTTTIQ+ en ámbitos de decisión, así como una mayor incursión de las agendas feministas democratizaron el ingreso de nuevas actrices a la cálculo. El calificativo rol de “mujer” a su vez ignora el crecimiento y devenir popular de los nuevos feminismos regionales. Figuras como Karamanos, que crecieron políticamente desde las calles y las revueltas, fundadas en esta nueva ola de feminismo latinoamericano, proponen repensar y cuestionar estos roles desde la construcción colectiva y horizontal.
De esta manera, la excelente mujer se desdibuja, dando cuenta de un período histórico donde no se contemplaba a las señora como mandatarias. Karamanos revive este debate e invita al cuestionamiento. Primero, porque forma parte de una construcción colectiva que fue clave para este nuevo proceso político que se inicia en Chile.
Y segundo, porque puede inspirar al abordaje del rol a nivel regional, teniendo en cuenta la potencia de los feminismos latinoamericanos y cómo la llegada a los ámbitos de jurisdicción son resultado de procesos colectivos que cuestionan estructuralmente de las lógicas de jurisdicción.
La nota es parte de la alianza entre Tiempo y Economía Femini(s)ta, una organización aliada que trabaja para visibilizar la desigualdad de clase a través de la elaboración de contenidos claros y de calidad.