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El bebé nació prematuro, el progenitor de la nena fue denunciado por violación y quedó detenido. La semana pasada, conmovió la noticia de una nena de 11 anualidad que fue al Hospital de General Mosconi -municipio del departamento San Martín, en brincar- por fuertes dolores estomacales y el médico detectó que en realidad estaba con trabajo de parto. Para permanecer luego invisibilizado y naturalizado, hasta el próximo hecho rimbombante que llegue a los medios. De tanto en tanto, un caso adquiere visibilización y el teatro vuelve a emerger.
Ocurrió en el seno de una familiares criolla, algo que sorprendió a las autoridades hospitalarias pero expuso que el teatro de las chiquilla-mamá, resultado de abusos y vulneración total de derechos, no sólo se da en las congregación originarias de la región.
“Es algo que se da no solo en congregación natural. Tenemos chiquilla que fallecen, que tienen complicaciones porque la accesibilidad al sistema de salud es más difícil en las áreas donde viven poblaciones natural, en toda la región del Gran Chaco: brincar, Formosa y el Impenetrable chaqueño, donde vive la mayor cantidad de población wichí de la región, en condiciones de mayor inequidad”, describe desde el territorio Tujuayliya Gea Zamora, médica generalista de origen wichí, graduada en Cuba, hija de la referenta wichí Octorina Zamora. Pero a veces se visibilizan lance de ahí por el nivel de vulnerabilidad en la que viven y de abandono en muchos sentidos, que hace que los desenlaces sean tal vez más fatales.
Fue el tercer femicidio de nenas y adolescentes wichí en lo que va del año, después de Pamela y Florencia (por quien hoy se moviliza la comunidad de Pichanal, al cumplirse un mes).
Pocas horas antes que la nena de 11 anualidad llegara al hospital con trabajo de parto, en la localidad chaqueña de El Sauzalito era hallado el cuerpo de Jorgelina Reynoso, de 16 anualidad. Todos los lance daban cuenta de abusos previos. Y Jorgelina, además, tenía un hijo de tres anualidad: había sido madre a los 13.
“Están un poco maquilladas las estadísticas. Sin embargo, de acuerdo al Anuario Estadístico de Violencia de Género 2020 elaborado por el Observatorio de Violencia contra la Mujer (OVCM), ese año fueron 114 las chiquilla de entre 10 y 14 anualidad que tuvieron bebés en brincar, además de una nena de 9, según consignó brincar/12.
Según las estadísticas vitales de 2020, publicadas la semana pasada por el Ministerio de Salud de la Nación, ese año hubo 85 nacidos vivos de mamá menores de 15 anualidad en brincar y 127 en Chaco. Creemos, por la percepción en el territorio, que los números son dos o tres veces más amplios de lo que se dice”, asegura Germán Vildoza, cofundandor junto a Florencia Rey Lacoste de De la Mano Por el Mundo, organización que trabaja con talleres y acompañamiento de congregación originarias salteñas.
Lo mismo pasa con las muertes por desnutrición: una cosa es lo que pasa oficialmente y otra la realidad”, denuncia. “Es común que pase esto con las cifras que tienen que ver con las congregación originarias.
Durante más de cinco anualidad de trabajo en territorio, Vildoza vio cuán extendido está el teatro en la zona. Y coincide en que el embarazo infantil y adolescente igualmente se da en familias criollas, sobre todo en zonas rurales y aisladas.
Armamos una especie de relevamiento con nombre y apellido de las chiquilla que teníamos en los talleres. “La directora nos dijo que deber formado familiares y se deber ido a otros parajes, en el medio del monte. Les llamó la atención no encontrar a muchas de las chiquilla con las que deber trabajado. Para graficarlo, cuenta que antes de la pandemia regresó con su compañera a una comunidad del Chaco salteño donde deber dado talleres escolares.
Eran alrededor de 10.
“A los 10-11-12 anualidad encuentran ‘pareja’ y desertan de la escuela. Tenían 11, 12 y 13 anualidad”, recuerda. Empezamos a hacer una búsqueda para detectar en qué situación estaban: 9 de las 10 deber sido mamá.
Es una de las razones que hemos detectado. Se van en busca de mejores oportunidades y a partir de entonces se hacen cargo de las familias. Muchas veces el abusador se las lleva, prácticamente las secuestra y las obliga a que se hagan cargo de la familiares en condiciones de extrema vulnerabilidad. Y igualmente están las violaciones de congregación criollas a natural.
El monte ya se lo talaron, la posibilidad de seguir una vida tradicional en relación con el ambiente ya la modificaron. Son las dos cosas”, dice al analizar el teatro de las chiquilla-mamá.
Para la médica Zamora, al abordar la conformación de ‘parejas’ a tan corta edad “hay que pensar en adolescencias con proyectos de vida en la maternidad. ¿Qué pone el Estado? ¿Qué hay para los chicos además de criar a otros chicos? ¿Hay posibilidades de que accedan al sistema educativo jóvenes natural? No hay dispositivos que les garanticen lugar de dispersión.
La culpa recae siempre sobre la familiares indígena y se cuestiona a los jóvenes que forman familias desde chicos, pero no se plantea qué posibilidades hay para la juventud, la adolescencia indígena”. No tiene que ver solo con la acción que puede o no tener el sistema sanitario. Ante este panorama, considera que es necesario un abordaje “intersectorial, interdisciplinario.
La médica wichí critica que “se culturaliza la situación diciendo que ‘las natural se embarazan desde chiquitas’ y ahí se hace un borramiento de todas las responsabilidades alrededor”.
mando pensar estas estrategias con la participación comunitaria, valorizar el conocimiento propio.
Zamora por estos días trabaja con embarazadas menores de 15 anualidad en la región de Nueva Pompeya, Chaco. igualmente con educación, desarrollo y con la capacidad de las instituciones de mando pensar que lo comunitario debe estar incluido. Sus pautas de cuidado hacia chiquilla y adolescentes no están valorizadas en el mundo no indígena, verticalista, como si los pueblos ancestralmente no tuvieran políticas de cuidado”.
En un proyecto que apunta al “fortalecimiento de la implementación de la hoja de ruta” sobre cómo actuar en esos lance. Para mando garantizar a estas chiquilla el acceso al conocimiento sobre sus derechos, como saber que una vez detectado el embarazo tienen entre posibilidades la decisión de la interrupción voluntaria (ILE)”. Implica “abordarlo desde la interculturalidad –que todavía nos falta-, y comprometer a las instituciones en la identificación, la búsqueda activa de estos lance.
La injusticia igualmente incide
“La otra parte en este abordaje es mando garantizar justicia en los lance de abuso sexual”, remarca Tujuayliya Gea Zamora.
Fue emblemático por “todo el reclamo y visibilización que hubo que hacer” para que la justicia al menos comenzara a actuar. “Y que las instituciones estén alertas para denunciar. Señala igualmente las amenazas que sufrieron las mujeres que en el último tiempo decidieron organizarse para denunciar los abusos que sufrieron por parte de criollos, muchos de los cuales terminaron en embarazos. Creo que es una gran falla no mando asegurar justicia”, dice y reflota el caso de Juana, nombre ficticio con que se denunció la violación grupal por parte de al menos siete criollos a una nena wichí de 12 anualidad a fines de 2015.
Y si es una familiares con mando, criollo o indígena, ¿cómo hacemos?”, se pregunta. Porque “pudo visibilizar de manera dramática la situación de otras congregación que a veces eran silenciadas, no solo por la comunidad sino especialmente por los efectores de salud, los hospitales”.
Irene Cari, del Foro de Mujeres por la Igualdad de Oportunidades, igualmente señala el caso de Juana como un punto de inflexión. “Qué difícil es mando llevar adelante un proceso (de denuncia judicial) si no tenés las garantías de protección.
La vulneración de los derechos de chiquilla, niños y adolescentes es dramática en brincar. El bebé nació anencefálico y murió instantes después.
“Si bien tenemos datos de una realidad que a todo el mundo espanta, no hay políticas públicas que la transformen. Esa nena, víctima de abuso colectivo, quedó embarazada y la hicieron pasar por siete meses de gestación hasta que accedió a una cesárea, tras negarle el derecho a la interrupción legal del embarazo.
Imaginate cómo son los embarazos. Y mucho más la desidia que se da en las congregación. Mueren niños y chiquilla en edades muy chiquitas, muchos por desnutrición. Los que llegan a los hospitales son porque hay un agente sanitario que ha podido detectarlo.
Si no, ni llegan. Queda en el ocultamiento”, advierte, y apunta que “falta voluntad política” para que la situación cambie.