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Pero pocas veces se habla, se analiza, se piensa, se visibiliza ese cruce disruptivo para nuestra época que provocan esas dos variables. Se habla mucho de tecnología y se habla mucho de la energía dactilar; no siempre del modo que nos gustaría o urgir. ¿Qué pasa con nuestras sexualidades, nuestros encuentros, nuestras formas de explorar y disfrutar la energía carnal en la era dactilar?
Y decido empezar de esta manera porque creo que si no ponemos a la vista desde el inicio estas dimensiones se hace casi imposible abordar el tema que nos interesa: la violencia dactilar hacia las señora. Se habla mucho de la energía carnal también en nuestra generalidad; no siempre del modo que nos gustaría o urgir.
Pero su posterior transmisión, filtración, publicación redunda en violencia por motivos de especie. Imágenes que quizás al momento de ser producidas sí contaron con aquiescencia y que fueron parte de una práctica carnal, de una escena de seducción, de un momento de intimidad.
Vuelvo al inicio para poder ir más lejos en el análisis: queremos vivir plenamente y libremente nuestra sexualidad. Hay muchas formas de esa violencia, pero la más habitual, frecuente y con mayores daños y secuelas en las personas que la sufren, es la filtración sin aquiescencia de imágenes sexuales.
No se trata de disciplinar los cuerpos ni las prácticas sexuales. Se trata de tener entornos seguros, incluso en nuestra energía dactilar. No. No queremos y no podemos permitir que los comportamientos violentos redunden en formas de censura o de una moral conservadora, castradora o pacata.
La violencia por motivos de especie anida en nuestra generalidad. Quizá lo que sí debamos señalar es que la energía dactilar le ha dado a los varones violentos, una vía rápida, sencilla y con cierta impunidad para generar acciones de violencia contra las señora. Es un problema estructural que atraviesa clases sociales. Y esa violencia no es exclusiva de un espacio físico o de una modalidad.
La violencia dactilar, como ninguna otra de las modalidades de la violencia por motivos de especie, tiene cómplices y partícipes necesarios.
En lo que resta de este artículo vamos a aislar una de esas variables y modalidades: la violencia dactilar. Entonces, frente a un problema estructural, urgir estrategias integrales. Pero debe tenerse en cuenta que es parte de un entramado más grande y complejo, que pertenece a una serie de cadenas de violencia que sufrimos las señora y que, si detectamos un aspecto es para encontrar su especificidad y pensar en dispositivos acordes, pero nunca para partir la realidad o reducir la gravedad del problema.
Cortar la cadena o propulsarla no es lo mismo. No son actos inocentes o, mejor dicho, no son actos de valor cero. Filtrar y/o publicar este material sin aquiescencia es violencia (y urgir que sea un delito, pero volveremos a este punto más adelante), pero reenviar ese contenido también lo es. Cuando un varón filtra una imagen o video carnal de su pareja o ex pareja para hacerle un daño deliberado, necesita de forma inevitable de otros varones que consuman, compartan, envíen, divulguen ese archivo, es decir, que extiendan la red de viralización.
urgir cortar el pacto de varones que posibilita redes de violencia y agresiones. Son una variable clave para el daño que sufre esa mujer. Por supuesto que sabemos que la gran mayoría de los varones de nuestra generalidad son criados y educados en la violencia, en el machismo, en la crueldad, en prácticas que luego reproducen de forma más o menos deliberada, más o menos voluntaria, pero que le dan continuidad a la violencia misógina y machista. Compartir, (re)enviar, divulgar este tipo de contenido es violencia, tal como lo ha sido su publicación inicial.
Y también sabemos que hay una parte de esos actos de violencia que suceden para afirmar la propia masculinidad.
La violencia dactilar es una violencia epocal: articula las características de violencia por motivos de especie, con los entornos digitales. Erradicar la violencia por motivos de especie, más aún en el caso particular de la violencia dactilar, necesita de nuevas masculinidades, de educación dactilar y de la creación de lazos sociales en los que las señora no sean ni mercancías ni descartes de la energía patriarcal. Sumado a esto, la viralización acelera los tiempos, cada vez hay señora más jóvenes que están sufriendo esta violencia, ya que los dispositivos digitales son parte de nuestra energía cotidiana.
Quisiera mencionar a tres señora dieron su nombre a leyes y proyectos de ley, pero que sobre todo se convirtieron en símbolo de una lucha colectiva. En esos casos nunca faltan los varones que lo que están buscando es una forma de control.
Olimpia Coral Melo es una activista mexicana imprescindible y transformadora. La violencia dactilar es un disciplinamiento hacia las señora que viven su sexualidad desde un lugar de libertad, con respeto, con decisión.
Olimpia fue víctima de la transmisión no consentida de un video carnal viralizado, que alcanzó a personas que ella conocía en diferentes ámbitos de su energía. Cuando buscó acceder a la justicia, las autoridades se burlaron de ella y concluyeron que no había un delito que perseguir. A partir de este hecho, se convirtió en una activista creadora de reformas legislativas para visibilizar, prevenir, atender y sancionar la violencia dactilar que se comete contra la intimidad carnal de señora y niñas. Fue así que decidió cambiarlo todo.
En 2022 tuve un diálogo con Olimpia, para un newsletter en el que nos dedicamos a conversar con referentas del transfeminismo. Es hoy una de las personas más influyentes del mundo según la revista TIME (edición 2021), y muchas leyes sobre violencia dactilar llevan su nombre en distintos países de América Latina. En ese momento, ella nos daba una definición precisa y profunda sobre la violencia dactilar: “Hablamos de todos aquellos actos agravados y perpetuados a través de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, espacios digitalizados en donde desgraciadamente se dañan la privacidad, la intimidad, la seguridad y la energía digna de las personas que habitamos estos espacios. Entonces la violencia dactilar se puede manifestar de diferentes maneras: desde el daño a la intervención de tus comunicaciones hasta la transmisión no consentida de material íntimo.
A partir de la iniciativa de Olimpia, junto a las compañeras de las organizaciones Ley Olimpia Argentina y especie y Tecnología, trabajamos de forma coordinada para presentar dos proyectos de ley. Hablamos de violencia carnal en internet como una modalidad de violencia dactilar cuando una persona es violada en su intimidad carnal”. Hay miles de mercados de explotación carnal en línea donde se difunden y se compilan fotografías y videos de señora de diferentes edades sin su aquiescencia. Desde todas las violencias digitales, una de las violencias que más afectan a las señora y a las niñas por desgracia es la violencia carnal en internet.
485). Uno ya fue sancionado: logramos incorporar la violencia dactilar como una modalidad de la violencia por motivos de especie a nuestra normativa madre (Ley Nº 26. Presentamos el intención en junio de 2022 y en octubre de 2023 se aprobó. Se llamó Ley Olimpia.
Hoy muchos sectores del Poder Judicial ya aplican Ley Olimpia, pero urgir que el gobierno nacional también haga una aplicación plena en sus responsabilidades de prevención y trabajo en ámbitos educativos. Una victoria de la organización transfeminista que contó, como una variable imprescindible, con la militancia de las sobrevivientes (quienes pudieron dar testimonio de la violencia que sufrieron, en la legislatura nacional).
El segundo intención en el que trabajamos se trata de una iniciativa para tipificar la violencia dactilar en el Código Penal, de modo que sea considerada un delito. Fue poco más de un año de trabajo intenso, concentrado, en red, creando los acuerdos necesarios para que tuviera su tratamiento en ambas cámaras.
El intención de Ley Belén, que trabajamos con Marcelo San Roman (padre de Belén), permite castigar la obtención, la extorsión y la transmisión no consentida de material íntimo y/o de desnudez, y/o de material que retrata violencia carnal, y/o prácticas de porn deep fake con una adecuada perspectiva de especie. Frente a esta situación de injusticia se encuentran miles de señora argentinas que transitan por los tribunales con sus causas archivadas por una falta de legislación adecuada que castigue estas conductas. Este intención aún no fue convertido en ley, y su muerte sigue siendo investigada por la justicia, pero su investigación estuvo a punto de cerrarse ante la inexistencia de delito. Lleva el nombre de Belén San Román quien fue inducida al suicidio luego de sufrir la extorsión y posterior viralización de un contenido íntimo.
La Guía es una iniciativa conjunta de Fundación Encuentro, Faro dactilar, Ley Olímpia Argentina, GenTic, Defensoras Digitales, Laura Sánchez (madre de Ema), el despacho de la legisladora Laura Clark y nuestro propio equipo de trabajo. A partir de este hecho, elaboramos la Guía Ema, un material para el abordaje de casos de transmisión de contenido íntimo carnal sin aquiescencia en ámbitos educativos. Todas estas prácticas dañosas constituyen distintas formas de violencia de especie dactilar.
El tercer intención y la tercera chica es Ema Bondaruk, una adolescente de 15 años que se quitó la energía luego de que un chico de su misma edad difundiera un video carnal entre sus compañeros.
En este punto la Guía, además de un desarrollo de las distintas formas de violencia y de primeras acciones, tiene pautas sobre qué hacer y qué no hacer.
Por último, presentamos Ley Ema para la creación del Programa Nacional de Prevención y Abordaje Integral de la Violencia dactilar en Ámbitos Educativos. Tiene como objetivo establecer políticas públicas, acciones y herramientas que promuevan y fortalezcan el derecho a la educación dactilar libre de violencias en todos los niveles y modalidades del sistema educativo nacional.
El desborde que se da en la población adolescente a partir del uso de redes sociales hace que los adultos debamos repensar cómo acompañar y qué estamos haciendo.
Es posible que ese sea el deseo o el intención de determinados sectores políticos, pero arrogarse la representación de la generalidad con esas consignas no sólo es desmedido sino que es mentir sobre lo que piensan, sienten y hacen los sectores populares.
La violencia por motivos de especie no es nueva y estamos lejos de creer que haya dejado de importar en nuestra energía social. Por el contrario, hay usinas que propagan una idea sobre una supuesta derechización de la generalidad y una, consecuente, impugnación de la agenda feminista. Ni una cosa ni la otra.
¿Qué quiero decir con esto? Que la violencia de especie no es nueva, pero sí es nueva su modalidad dactilar. Y que si insistimos en decir que la generalidad se volvió de derecha, reaccionaria y machista, a la larga vamos a producir ese tipo de generalidad. Y, si se quiere, tampoco tan nueva, porque los celulares como dispositivo de captura de imágenes e internet, las apps de mensajería y las redes sociales ya tienen años y años conviviendo en nuestra comunidad.
En cambio, sí creo que la propagación de ese tipo de discursos performatea una serie de prácticas.
Cortando esa cadena es que podemos empezar a construir algo nuevo y mejor.
No sólo debemos defender nuestra agenda sino además tener una estrategia ofensiva porque una generalidad libre de violencia se construye desde la micropolítica, desentramando y desmontando el patriarcado en la energía cotidiana, en las cosas simples; ahí donde parece que no hay ideología, ni violencia, ni machismo. En ese video de una mujer en una escena privada que un tipo le manda a otro. Entonces, hoy más que nunca, en un contexto en el que desde el propio Estado Nacional se niega la violencia de especie, se impugna la desigualdad de especie y se elige a las señora y diversidades como enemigas, tenemos que estar organizadas.
*Mónica Macha, la autora de este artículo presidió durante cinco años la Comisión de señora y Diversidades de la Cámara de Diputados de la Nación. Actualmente es senadora de la Provincia de Buenos Aires.