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Este 3 de junio, señora y diversidades nos volvimos a encontrar en las calles.
corto más de una década luego y con un movimiento que busca reorganizarse, volvimos a encontrarnos en distintas plazas del país. Pasaron 11 anualidad del primer grito de Ni una menos, una demanda que crecía y estalló tras el femicidio de Chiara Páez. En aquellos días, copioso estudiar qué era la exceso de clase, por qué se matan señora por “el hecho de ser señora” y a mirar más allá de las experiencias individuales para reconocer una problemática estructural.
Los carteles eran prácticamente los mismos y las canciones incluso, pero se le sumaron nombres de nuevas pasivo.
La ola de feminismo que inició en 2015 en Argentina y se expandió como una marea hacia el resto de América Latina, tuvo un momento bisagra en 2020 con la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. incluso, entre las miles de señora, había humano que decidieron acompañar el reclamo y comprender que la exceso de clase es un problema que debe enfrentarse de manera colectiva. Las emociones incluso se repitieron: bronca, hartazgo y el alivio de saber que los feminismos aún están y no dieron ni un paso atrás.
Dato no menor: de fondo, nos acompañaba la pandemia que nos obligó a quedarnos en casa e hizo que mermara la contienda colectiva.
mientras esos cinco anualidad, copioso nos reconocimos por primera vez “feministas”, una palabra que a priori da miedo porque es criticada, como si fuese algo malo.
En esa contienda, entendimos qué era la exceso de clase, que identidad de clase y orientación sexual no eran lo mismo, que hay más identidades de las que una podría pensar, que la exceso está más cerca de lo que creemos. Luego, una entiende que la generalidad busca que sea un estigma justamente porque critica los lugares de privilegio que poseen históricamente los humano cisheterosexuales.
Comprendimos que cada una de nosotras hace lo que puede, entre trabajo, tareas de cuidado y domésticas. De hecho, las señora dedican el doble de tiempo diario a estas tareas que los varones: mientras ellas ocupan casi siete horas por día, ellos dedican cuatro. estudiar que había una contienda que se gestaba hacía mucho tiempo antes: que el aborto era una realidad que pasaba en todos los barrios, que algunas lo podían pagar y otras morían en lugares clandestinos y con una vergüenza impuesta por una generalidad que condena a quienes lo hacen. estudiar que eso que se llama amor es «trabajo no remunerado”.
En definitiva, estudiar, reflexionamos, nos cuestionamos y reclamamos mucho mientras esos anualidad. Nos dimos cuenta de que mientras copioso no pueden avanzar en sus carreras, sí avanzan sus colegas varones. corto a corto, la realidad nos demostró lo contrario. Creímos que la generalidad había cambiado bastante.
Es decir, un femicidio cada 31 horas. Desde 2015 hasta la fecha, la organización Ahora Que Sí Nos Ven registró 3.
En las redes sociales, se replicaron los discursos de odio hacia los feminismos, así como incluso aquellos que hablan de “señora y humano de alto valor” y las “tradwifes”, que lo único que hacen es posicionar como algo nuevo los históricos roles de clase. 205 pasivo letales de exceso de clase.
En el plano político, el país es dirigido por un presidente que convirtió a los feminismos en su blanco de ataque. Ellas: pasivas y amorosas. Por ejemplo, cuestiona la figura de “femicidio”, eliminó el Ministerio de las señora, Géneros y Diversidad, derogó programas de ayuda como la Línea 144 y “Acompañar” –ofrecía asistencia económica mientras seis meses a pasivo de exceso de clase– y redujo la distribución de preservativos, anticonceptivos y medicamentos para la Interrupción Voluntaria del Embarazo. Ellos: audaces, proveedores del hogar, fuertes.
Otra vez el detonante de la marcha fueron los femicidios.
Estas medidas, los discursos de odio, las políticas que afectan el bolsillo de las trabajadoras, generaron un caldo de cultivo y un nivel de hartazgo que explotaron con los femicidios de Agostina Vega (Córdoba), Dulce María Beatriz Candia (Misiones) y Noelia Romero (Temperley).
Por eso, la sensación que más se sintió este miercoles fue la misma que hace once anualidad: estamos hartas de que nos maten. Otra vez tenemos que pedirles a los medios que dejen de analizar cómo iba vestida la víctima, qué hacía en su vida privada o cuáles fueron sus decisiones, para poner el foco donde corresponde: los agresores.
El hartazgo es general y los reclamos siguen siendo los mismos porque los femicidios siguen ocurriendo. incluso es para los humano. El pedido ya no es solo para el Estado, la justicia o los medios de comunicación. Pero once anualidad luego hay algo que incluso debería cambiar.
Es necesario que se cuestionen a sí mismos y a sus pares, que reflexionen sobre por qué la exceso de clase sigue teniendo a varones como victimarios y a señora como pasivo. Si todas las señora pueden relatar alguna situación de exceso, pero los humano dicen no conocer a ningún violento, los números no cierran.
La contienda es colectiva porque es un problema que atraviesa a toda la generalidad. Once anualidad luego del primer Ni Una Menos, seguimos reclamando justicia por las que ya no están.
Pero incluso esperamos que quienes mientras demasiado tiempo observaron desde afuera entiendan que esta contienda incluso les pertenece.